Muere Alfredo De La Espriella, un Barranquillero que también dejó su legado a la Loa de Baranoa
- loadebaranoa
- 30 ene
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El legado de Alfredo De La Espriella Zabaraín trasciende las fronteras de Barranquilla y se inscribe con letras doradas en la historia cultural del Caribe colombiano. Nacido el 6 de febrero de 1926 en Ciénaga, Magdalena, su vida estuvo marcada por un innegable compromiso con el civismo, la cultura y la preservación de las tradiciones. Aunque su cuna no fue barranquillera, se consideraba a sí mismo “el más barranquillero de todos”, pues apenas dos meses después de su nacimiento, su familia se trasladó a la que denominaba "la ciudad más importante de Colombia".
Figura emblemática del dinamismo cultural de Barranquilla, De La Espriella desempeñó un papel clave en la promoción de eventos y proyectos de gran impacto para la ciudad y el departamento del Atlántico. Su fervor por el Carnaval de Barranquilla lo llevó a ser autor de los bandos oficiales durante varios años, así como creador del 'Bando de Antaño', un homenaje a las raíces de esta celebración.
También se destacó en el ámbito académico y de la gestión cultural, ejerciendo como locutor y Director del Departamento de Extensión Cultural de la Universidad Autónoma del Caribe. Su participación en la Sociedad de Mejoras Públicas lo llevó a luchar por la culminación del Teatro Municipal Amira De La Rosa, una joya arquitectónica de la ciudad. Sin embargo, uno de sus mayores desafíos y legados fue la fundación y preservación del Museo Romántico de Barranquilla, un espacio que alberga la memoria histórica de la región y que se convirtió en su causa personal hasta el final de sus días.
Su relación con la Loa de Baranoa
La influencia de Alfredo De La Espriella no se limitó a Barranquilla. Su pasión por el rescate del patrimonio también alcanzó a la Loa de los Santos Reyes Magos de Baranoa, una de las representaciones teatrales más antiguas del Caribe colombiano.

En el Museo Histórico de Baranoa reposa un libreto que data de 1957, facilitado por el doctor Nicolás Cantillo Araujo, y fue el quin trajo a Alfredo de la Espriella para asesorar la escenificación de la Loa, teniendo así una participación activa en la organización y montaje de la Loa para esa época.
El libreto original de la Loa se perdió en el incendio de la iglesia y sacristía ocurrido el 11 de marzo de 1895. Sin embargo, gracias a copias manuscritas y la memoria prodigiosa de los actores de la época, la representación pudo ser reconstruida. Fue en este proceso donde la asesoría de De La Espriella resultó determinante para la evolución y consolidación de la puesta en escena.
Uno de los cambios más significativos que impulsó fue la transformación del pesebre. Tradicionalmente, la escenografía utilizaba las mismas imágenes de la Iglesia Parroquial de Santa Ana, y los Reyes Magos ingresaban al templo para rendir homenaje al Niño Dios. Sin embargo, De La Espriella consideró que esta práctica restaba dinamismo a la obra, por lo que propuso la creación de una segunda tarima con actores representando a la Sagrada Familia, lo que dio mayor fluidez y teatralidad a la escena.
Además, lideró la renovación del vestuario de los Reyes Magos, quienes abandonaron los antiguos pantalones bombachos en favor de majestuosas túnicas de satín y capas de damasco. Las coronas, antes sencillas, fueron elaboradas en cartón forrado con papel dorado, otorgando un aire más solemne y estético para la época.
La intervención de Alfredo De La Espriella en la Loa de Baranoa no solo enriqueció la representación, sino que también afianzó su importancia dentro del patrimonio cultural de la región. Su legado sigue vivo en cada escenificación de esta centenaria tradición, confirmando que su pasión por la cultura trasciende el tiempo y el espacio.
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